Uno de mis mayores placeres en verano es invitar a los amigos a suculentas barbacoas con largas sobremesas. Lástima que lo bueno se acaba pronto y en cuanto llegan los primeros días de octubre en los que la temperatura baja, cierro y empaqueto todo lo que tenga que ver con el jardín, como si este solo pudiese disfrutarlo durante el periodo estival.

Lo más irónico, es que en invierno busco refugio en las terrazas de la Plaza Mayor, dormitando como buen lagarto bajo un sol urbano espléndido. Bueno, yo y otros 3.000 turistas que me imitan. Por algo las terrazas abren de 8am a 12pm ¡365 días al año!. Y es que, nuestro invierno, con 25º sobre la piel, es como el mejor verano nórdico.

Así que he puesto a trabajar al cerebro analizando tanta contradicción y he llegado a la conclusión de que este invierno ¡voy a seguir disfrutando de las barbacoas!. Y no es porque sea una forofa de la carne a la brasa -lo soy de las brochetitas de verduras y de las patatitas envueltas en su albal y arrojadas sin miramientos al fuego – sino por lo que representa esa cocina al aire libre en compañía de buenos amigos. Además del hecho de que ese día yo no cocino. Y por si me hiciese falta una razón más, ahí va la tercera: por fin podré comer plácidamente bajo el sol, porque mucho verano, mucho verano, pero la verdad es que a 40º el sol ni lo cato.

Barbacoas de gas para ambientes rústicos

Además, desde que se democratizó la barbacoa portátil, este placer ya no es exclusivo de los que vivimos en una casa con jardín. Actualmente hay infinidad de diseños con asas o ruedas, que las hacen fácilmente transportables. Las hay de tamaño tan reducido que hasta puedes cocinar en un balcón. Ahora bien, advertido queda: a menos que vivas en el último piso, ten cuidado no sea que algún vecino bienintencionado llame a los bomberos al observar humo a través de su ventana.

Lo ideal es colocar la barbacoa próxima a la zona donde vamos a comer aunque sólo sea por nuestro aprecio al pobre cocinero. Elegir una con ruedas puede resultar una bendición si estamos en una zona con viento caprichoso.

Igualmente te serán útiles en invierno, cuando quieras arrimarla a la mesa para que sirva a la vez como estufa (¿conoces esos firepit americanos? pues el efecto es el mismo aunque menos estético y algo más oloroso). En cambio, en verano intentarás alejarla lo máximo posible y situarla bien resguardada del sol. Pues sí, ¡benditas ruedas!

También debes considerar si vas a usar leña (roble o encina son los que mejores brasas dejan), carbón o gas. Si tu espacio es escaso, mejor descarta la leña de entrada. Ni imagino dónde podrías almacenar las toneladas de madera que te sirven en cada pedido.

Y si tu espacio es urbano, plantéate instalar una barbacoa de gas o eléctrica. Las barbacoas de carbón producen más humo y tus vecinos podrían arruinarte la fiesta. Una lástima, porque el carbón añade un aroma bien intenso a los alimentos. Pero, ey, se trata de cocinar al aire libre con los amigos, ¿recuerdas?.

En cualquier caso, si has encontrado la ubicación ideal para tu barbacoa, puedes integrarla en una encimera de obra. Tendrás superficie extra de trabajo y podrás almacenar debajo la bombona, carbón o el menaje que uses habitualmente. Además quedará bien protegida de las inclemencias del tiempo.

Y ya para poner la guinda al pastel… ¿has considerado la idea de poner un buen jacuzzi o una sauna al lado de la barbacoa? Pasearte ligero de ropa en pleno invierno parece un hábito saludable. Al menos los suecos lo hacen. Así que si te convence la idea, echa un vistazo a los modelos que ofrece Megapiscinas. Ah, y luego ¡me invitas!

Photo source: PINTEREST

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